CARTA AL ARZOBISPO DE BOGOTÁ.

12 de mayo de 2012

 

Excelentísimo monseñor, RUBÉN SALAZAR GÓMEZ

Presidente de la conferencia episcopal.

Bogotá, Colombia

De la manera más respetuosa que  su persona se merece,  escribo esta misiva con la intención de  que en su magnífica humildad,   tome a bien  explicarle a esta oveja descarriada, que pasa por una crisis de fe terrible, cuáles son los argumentos históricos por los cuales se dice que murieron más de 80.000.000 de indígenas  americanos en lo que no sé si  denominar el más alto oficio evangelizador de la Santa Iglesia o el genocidio más vil del que se tenga noticia en nuestra historia. Sé que nuestro Dios es la verdad y la vida y que en su nombre  se han librado batallas contra herejes y apóstatas, se han quemado libros, ideologías y personas con justicia sonora. Pero no entiendo por qué  San Pedro y sus sucesores, depositarios de la iglesia en el mundo, no optaron por  ablandar el corazón de los aborígenes con amor, como nos enseñó Jesús, sino aplacar su desobediencia con toda violencia, quemando sus templos, violando sus mujeres,  torturándolos hasta convertirlos al cristianismo: Una fe que no alcanzaban a comprender con latigazos y masacres. ¿No decía Jesús “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”? Acaso no eran mansos nuestros ancestros y  no fueron despojados, hasta el sol de hoy, de la tierra que amaban y protegían?

¿Acaso es la historia impía la que inventa estos crímenes de la Iglesia para desprestigiar su santo ministerio?

¿Con mi fe en Cristo  patrocino aquel pasado genocida?

El bautismo redime al hombre del pecado original, pero ¿Qué pasa con estos pecados mil veces más horrendos y dementes?

 

Sé que usted además de ser un hombre de fe, cumple con una serie de  disposiciones administrativas que limitan su tiempo y su paciencia, sin embargo espero  una respuesta, fuera breve, pública o privada de estos interrogantes que me aterran y que me hacen un mal cristiano.

 

Y prefiero mil veces ser un buen ateo a un mal cristiano.

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