Historia de amor

8 de enero de 2013

HISTORIA DE AMOR

Aunque reconozco que ya hacía muchas lunas que no me entregaba a alguien, debo admitir también que las aventuras en mi vida han sido recurrentes. He conocido un buen número de hombres, todos ajenos. No merezco tener uno solo para mí porque puedo indigestarme. Prefiero consumirlos por un rato, escojo disfrutar de esa primera erección magnífica y detenerme, que convivir con un pene endeble. Me he enamorado de muchos, pero mi cariño eyacula y pierde firmeza muy pronto. Mi primer amor fue Miguel, y hoy, después de muchos años, vuelvo a él.
Lo conocí en el colegio, cuando apenas yo tenía quince años. Él era el nuevo profesor de literatura. Su carisma y su belleza impactaron de inmediato en todo el estudiantado y a los pocos días se convirtió en nuestro profesor favorito. No había una alumna en el liceo que no se sintiera atraída por él, y él a todas parecía corresponder con su desbordada gentileza. Esta condición de adonis extrañamente no causó en los varones ninguna clase de envidia, muy al contrario todos lo querían emular. Sus clases eran distintas. Nada de teoría de mierda, como la llamaba. Poesía. Brujería. Hechicemos al mundo con poesía para anestesiar su ignorancia. Iconoclasta. Encantador. Su actitud rebelde era una antítesis desbordada de la filosofía salesiana que me habían inculcado durante años y de los preceptos religiosos que él mismo había sufrido en el Seminario. Por eso me enamoré.
Se abre la puerta. Ahí está él. El pelo por la cara y la camisa por fuera. Su barba, siempre incipiente, se aclaró con los años. Su cuerpo ha ganado peso, pero su belleza es abrumadora. Me besa. Comienzo a disipar los temores que me inquietaban en las escaleras, pero tiemblo como si jamás me hubieran besado. Me toma la mano y la posa en su barba. Desordenada y fascinante. El beso se prolonga. Su lengua juguetea. Mi respiración se agita al punto en que debo detenerme. Descanso de sus labios. Respiro. Vuelvo en mí.
Un buen vino me devuelve la tranquilidad. Han pasado ya diez minutos de charla anodina y solo deseo ser penetrado. Entonces me desnuda con parsimonia hasta encontrarse con ese miembro infantil del pasado. Y lo devora amorosamente.

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De amores y blasfemias

27 de diciembre de 2012

De amores y blasfemias es una colección de relatos profanos cargados de erotismo y humor negro, esenciales para comprender los vicios de la fe desde una visión literaria. El libro incluye una novela corta sobre un grupo de escépticos que emprenden una campaña atea quemando biblias y desentronando el poder de la iglesia en un país habituado a los preceptos de la religión católica. Esperamos que disfrutes de nuestro primer libro y nos dejes tus comentarios en twitter: #deamoresyblasfemias y @hijasdelot

Puedes descargarlo en http://www.amazon.com/amores-blasfemias-Spanish-Edition-ebook/dp/B00AQQKKMQ/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1356615595&sr=8-1&keywords=hijas+de+lot para kindle.

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¿Es Dios un buen maestro?

1 de agosto de 2012

 

Es fundamental en una educación integral preguntarse qué tan buen maestro es Dios y qué tan dispuestos estaríamos dejando a nuestros hijos  en manos del Todopoderoso.

Para empezar, el mejor ejercicio que permite comprender el entramado religioso es apelar a las fuentes primarias,  es decir, los libros de la biblia.  Increíblemente, por los siglos de los siglos nos han vendido la idea de que la biblia es un hermoso texto  que a partir de elaboradas parábolas y bellas figuras literarias nos enseña a ser cada día mejores personas. Nada más alejado de la realidad: Cualquier lector desprevenido descubre fácilmente que además de necesitar con urgencia un corrector de estilo, la biblia  carece de la belleza que exaltan los pastores. De hecho es un texto morboso y violento plagado de sangre, muerte, injusticias y misoginia.  En complemento, también vale decir que por ejemplo, los cuatro evangelios   que resumen la vida de Jesús y que fueron inspirados por Dios, aportan datos inexactos y contradictorios  que  más que iluminar, confunden al lector cuerdo. Y ni qué decir de los muchos evangelios apócrifos que fueron desechados por los papas de turno porque no se acomodaban al dogma y un largo etcétera de ediciones, supresiones  e interpretaciones malintencionadas que nos tienen en el extraño embrollo económico que hace pobres a los creyentes y al Vaticano, uno de los estados más prósperos.

Dios no es un buen maestro. Dios es un ser grandioso que posee todas las virtudes, que abarca todos los espacios y que conoce todas las verdades, pero que no sabe un pito de  pedagogía:

Dicen que Dios es amor pero si no estás dispuesto a amarlo él te castigará sin piedad alguna.

Dios  es celoso. Su hijo pronunció una horrenda frase belicosa e intolerante que dice: El que no está conmigo, está contra mí  que aún hoy, los pastores la citan y la incitan en una clara afrenta contra la tolerancia.

Dios aborrece a las mujeres. Hay muchísimas citas bíblicas que así lo aseveran. Aquí transcribo mi favorita, que eventualmente te puede servir cuando se entere que una beata  le está metiendo la religión por los ojos a  alguien.

La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción.   Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva;  y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en trasgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.  Timoteo 2: 11-15.

Dios no sabe de enfoques pedagógicos. Pese a que por medio del Espíritu Santo  permitió a grandes pensadores  fortalecer la teoría pedagógica  hasta llegar a la gran variedad de maneras de enseñar que tenemos hoy; vemos que Dios es  cruelmente conductista: Si no me adoras yo mataré a tus primogénitos; si  no me complaces te  enviaré plagas, si te equivocas  no te corregiré con amor, sino que  te castigaré a ti y a los tuyos con toda la violencia imaginada…

Dios y su hijo Jesús, que a la vez es el mismo Dios,  apela muy pocas veces al diálogo y al amor en sus enseñanzas. Ejemplos, como los anteriores, hay por montones en la biblia…muy paradójico que aquel maestro que enfrenta a sus seguidores con lo que se atreven a pensar distinto, que comete los genocidios más crueles por culpa de unos pocos y que se complace con la sumisión de la mujer, resulte ser el maestro de maestros y el paradigma con el que muchas generaciones de docentes  se formaron.

 


COMENTARIO A LA ENTRADA “EL TEMOR COMO FUNDAMENTO EN LA COACCIÓN PEDAGÓGICA”

26 de julio de 2012

Agradecemos enormemente los comentarios que los usuarios hacen de nuestras entradas. Reproducimos aquí una respuesta que nos dejó poloatierraenlaweb@gmail.com .

Lamentablemente eso es verdad y muy doloroso. Tengo 41 años y a pesar de que después de un largo proceso he venido liberando de un poco de creencias que no tienen fundamento cosa que me ha dado un vuelco a mi vida de forma poderosamente positiva. No obstante leyendo un poco sobre ateísmo me encontré con un artículo donde un pastor hablaba al respecto “condenando a todos a quienes pensamos de esa forma” Eso fue como si me arrollara una locomotora a gran velocidad. Miedo básicamente que terminó afectando mi estado de ánimo.

Pensando en eso noté que el miedo ha sido protagonista en mi durante prácticamente toda mi vida. Desde niño el miedo ha estado allí, haciéndome pasar por momento muy difíciles. Podría decirse que de niño eso era normal. Aunque es cierto no deja de ser terrible la presencia de fantasmas, de ángeles caídos, de demonios , del purgatorio y sobre todo de la presencia del infierno.

Es mortalmente paranoico actuar pensando en el temor de dios con su mirada siempre fiscalizadora de lo que pienso, siento y hago y más aun cuando pude haber hecho algo honestamente pero que es probable que a dios no le parezca y entonces eso también sea pecado.

A pesar de todo y a mi edad, el miedo tiene un efecto demoledor en mi, NO LO HABÍA NOTADO. Debo luchar por usar la terminología cristiana con mis “demonios” internos. Estoy en un combate conmigo para no volver a caer en todas esas ideas cristianas que no había notado me estaban coaccionando y no me dejaban salir adelante.

Hoy no creo en dios, no quiero creer en dios. Yo era de aquellos quienes tenían un fuerte compromiso con la iglesia. Rezo del rosario, novenas, acucioso en la ayuda de los menesteres eclesiáticos, oración diaria, lectura de la biblia, misa constante.

Hago planeación anual en ella coloco un área dedicada a la vida espiritual.

Por propósito me di a la tarea de leer toda la biblia desde el Génesis hasta el apocalipsis. Conseguí una guía que me daba la oportunidad de en un año leerla completamente.

La lectura de la biblia fue la “gota que rebozó la copa”. Venía en un proceso de escepticismo, desde hace mucho pero leer la biblia me conmocionó. Literalmente “vomité” un par de veces al ver la violencia, la agresividad de tal magnitud que no podía creer que el “dios de amor” fuera así.

Decidí abandonar todo eso.

No obstante el miedo sigue allí. Estoy en ese proceso. Y seguiré batallando para liberarme de los absurdos que coaccionan la realización personal. Es tan condicionante que tenía problemas hasta con ganar dinero por aquello de que “es más fácil de que pase un camello por el ojo de una aguja…” pues terminé considerando el dinero … como la raíz de todos los males. Así pues me vi condenado por esas ideas a pasar por una vida lastimera a nivel productivo y no lograr gracias a mis capacidades llevar una vida tranquila.

Felicito a quienes trabajan en esta página y muchas gracias.


El temor como fundamento en la coacción pedagógica

25 de julio de 2012

La fórmula del poder de Dios no es un misterio. El maestro de maestros apela  a la misma fórmula que utilizan los malos padres y docentes: El temor. La misma estrategia que utilizan sacerdotes, pastores y profetas. “O crees o serás condenado”.

El temor es   la emoción más dañina en un proceso de formación.  Quien tiene temor es obediente y disciplinado, pero no es más que un autómata resignado que cuando crezca será un autómata resentido.

Tristemente esta emoción es la que más rápidamente desarrollan todas las religiones en sus seguidores, porque este es el lazo que atará de por vida al creyente a su culto. No es raro escuchar a los  pastores cristianos  amenazar  abiertamente a sus fieles   que por los pecados más inocuos se condenarán al infierno. Algo muy parecido pasa con el catolicismo; tanto es así que el temor de Dios es uno de los dones del espíritu santo. Muchos de nuestros niños se saben de memoria estos dones porque se los inyectan en el catequismo o en la clase de religión  pero pocos pueden interpretarlo con inteligencia. ¿Debo temer a Dios, un ser de luz lleno de virtudes y de bondad omnipotente? ¿Acaso para eso del temor no estaba el demonio?

¿No me basta  con torturar sicológicamente a mis hijos con Satán  y su infierno  para ahora también ponerlos a temblar  ante la presencia de su propio padre?

Al temor hay que desterrarlo de nuestros hogares.  Una buena educación  ajena a los designios divinos debería formar seres felices, autónomos y críticos y el temor no permite  nada de eso. Tan simple como que un niño temeroso no es un niño feliz ni tendrá la autonomía ni la fortaleza de dudar. Porque el que duda es castigado. Primero por los padres, luego en la escuela y cuando muera en el cielo.

¿Que vida le espera a aquel que teme? Pues nada menos que una cotidianidad paranoica y ansiosa en donde la oposición y el libre pensamiento están prohibidos. Quien duda debe temer, quien confía ciegamente  será salvado.

En los púlpitos el asunto es simple porque el sacerdote  echa su sermón y se va a su sacristía; pero en el hogar las cosas son a otro precio, porque  el discurso de la iglesia contradice la cotidianidad del niño y las enseñanzas del hogar: En este mundo hostil no puedes cerrar los ojos y creer porque te  acaban. Este mundo requiere de ciudadanos despiertos, críticos y de audacia feroz; las ovejas ingenuas que dan limosna  y esperan por un milagro solo sirven al interior de la iglesia.

En un principio los niños son tan inteligentes que  comprenden estas contradicciones, por eso las preguntas sobre Dios, por eso sus especulaciones religiosas; pero este sentido crítico que parece que se desarrollara naturalmente pronto recibe un latigazo  que castiga la pregunta y bendice el temor.  Entonces el niño aprende a callar. Sus preguntas se van haciendo menos frecuentes y su amor a Dios cada vez más grande. Pronto el niño recibe el golpe fatal cuando se da cuenta que su entorno es católico y que si no asume su rol como tal, simplemente no existe como ser social.

En la escuela el niño refuerza su concepto del temor. Para él, está bien sentir temor porque es lo que lo impulsa a cumplir con sus obligaciones, a seguir hábitos de estudio y  a ser buen estudiante. Los docentes en muchos casos, y valga decir que era mucho peor antes que ahora; ayudan  a fomentar aún más el temor cuando amenazan abiertamente a sus estudiantes para que realicen una serie de tareas so pena de  hacer cumplir un reglamento pensado para que el estudiantado permanezca sumiso.  Poco a poco el niño se adapta y se suma a los millones de ovejas del mundo. Se suma a eso que los medios llaman masa.


¿POR QUÉ LE PASAN COSAS BUENAS A LA GENTE MALA?

22 de julio de 2012

A propósito del bestseller “¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena” del colombiano Iván Gutiérrez Rodríguez, publicamos esta entrada que responde el interrogante inverso. ¿Por qué le pasan cosas buenas a la gente mala?

En primera instancia habría que empezar por identificar qué es eso que llamamos gente buena y gente mala: La iglesia, la escuela y los medios de comunicación  retratan  con cierta similitud lo que la sociedad debe entender como bueno y como malo.

Aquel cuyo comportamiento obedece a los mandamientos de Dios  y a su vez se adapta a los estereotipos de bondad en la sociedad sin duda es una muy buena persona. Y en complemento aquel que se revela contra  sus valores enfrentándose a lo establecido y a lo que llaman natural  suele ser denominada con ligereza una mala persona. En estos términos tenemos que para una sociedad como la colombiana:  patriarcal, conservadora y rezandera,    una mala persona podría ser, por ejemplo, quien ama su cuerpo sobre todas las cosas o  quien, contra toda norma natural, se enamora de una persona de su mismo sexo o en fin, quien   se enfrenta al estatus quo… Y a estas personas, según lo que hemos aprendido, tarde o temprano les llega su rendición de cuentas en esta vida o en la otra. Y que se atengan, porque la ira del Señor los castigará con todo el peso de la justicia divina.

Sin embargo vemos que en la práctica  los buenos pueden morir jóvenes  y los corruptos se pensionan. ¿Y a qué se debe esto? Obviando la respuesta irresponsable de que quien muere joven  tiene proyectos divinos cuyos misterios son insondables para los mortales y que los que mueren de viejos solo están aplazando el castigo eterno, nos atrevemos a formular otro tipo de respuesta más simple y aterrizada.

La vida, la muerte y el castigo son conceptos  humanos que las religiones han idealizado pero que, en realidad,  no son más que procesos naturales inherentes a cualquier ser vivo.

No llegamos al mundo  por un designio divino  sino muy al contrario, por la más básica manifestación instintiva. No nos pasan cosas malas por cuestiones de karmas insubsanables o por las moiras que nos rijan, sino porque como seres vivos estamos predispuestos a la muerte y al dolor.  Si fueran designios divinos  aquellos males que nos aquejan bien podríamos decir que además de ser un pésimo pedagogo, Dios es infinitamente cruel y caprichoso: Solo así podríamos explicar que un asesino nazi  haya escapado de su castigo por más de 60 años  o que una niña caiga de un piso 18, sobreviva al golpe  en lo que los medios se atrevieron a llamar milagro y a los pocos días muera en lo que jamás juzgarán como crueldad divina.

Los milagros  no son más que probabilidades estadísticas que eventualmente se  pueden presentar bajo ciertas circunstancias. Si te salvas de un accidente de avión es porque es probable que eso pase. Si el médico te dio por muerto y dos minutos después vuelves a la vida es porque hay una mínima probabilidad  en la medicina de que eso ocurra.  Lo mismo pasa  a la inversa: Puedes perder la vida en una visita al odontólogo o  morirte al comer una uva así millones de personas coman uvas al día y vayan al odontólogo con frecuencia sin que les pase nada. La diferencia entre unos casos y otros es que los primeros son pomposos milagros de Dios, cuyas manifestaciones misteriosas son insondables  mientras que los segundos son crueles y  desafortunados errores humanos.

El bien y el mal son inmanentes al ser humano y resulta sumamente reduccionista dividir al mundo  entre buenos y malos, más en un país como Colombia en donde los buenos no son tan buenos y los malos  tampoco lo son tanto.

Hijas de Lot.

 

 


¡FELIZ DÍA DE LA DEPENDENCIA!

20 de julio de 2012

El nacionalismo exacerbado, al igual que el fanatismo religioso, no son producto de la reflexión autónoma sino de la sumisión colectiva.
Hoy se conmemoran 202 años de la independencia de Colombia y parece que seguimos confundidos en lo que algún historiador atinó a llamar “La patria boba”
El amor ideal que profesamos por nuestra patria es, tristemente, un amor impuesto por los medios de comunicación y por profesores insensatos. Creemos que vivimos en el mejor país del mundo y esa es una concepción peligrosa porque desenmascara conformismo y subjetividad; en la medida en que sigamos celebrando la colombianidad con el fervor del hincha apasionado, difícilmente nos percataremos de que nuestros delanteros nos meten muchos autogoles.
Campañas multimillonarias como Colombia es pasión, la nueva Marca País, constatan los esfuerzos monumentales de gobiernos que necesitan la identificación del ciudadano con su causa. Como en los tiempos de la Alemania Nazi, en los radios suenan al unísomo las notas de nuestro himno nacional, dizque el tercero más bello del mundo.
Alentamos a nuestra selección de fútbol con el corazón y creemos ingenuamente que pueden llegar a ser los mejores deportistas; asumimos que los pequeños logros personales de algunos ciudadanos ilustres representan el empuje de toda una nación y los apropiamos. Idolatramos a César Rincón y a Jhon Leguízamo, así ni siquiera hablen un buen castizo. Escarbamos en la cultura de la estadística para reconocer nuestro nombre en algún listado internacional y vanagloriarnos con la flora y fauna colombiana que ni conocemos ni cuidamos.
Tanto nacionalismo polariza a la sociedad: No es extraño ver en los foros sociales comentarios despectivos contra aquel que se atreve a pensar distinto que el colombiano común. Se les acusa entonces de guerrilleros por asumir una posición opuesta al gobierno, se les tacha de maricas o de indios por defender a las minorías pisoteadas; se les condena en los medios masivos por atreverse a exigir sus derechos vulnerados, y todo esto con tanta ligereza y agresividad que pone a algunos a reflexionar sobre qué tan buenos ciudadanos son esos colombianos de reinados, fútbol y reaggeton.
Irónicamente, pese a todos los esfuerzos irresponsables por crear arraigo y patriotismo, en la práctica vemos con impotencia la dependencia internacional de la que somos víctimas. Las grandes marcas de ropa colombiana prefieren pagar mano de obra barata en Asia antes que generar empleo de calidad en Colombia; nuestro gobierno apoya las más terribles causas internacionales con tal de recibir beneplácitos de las potencias mundiales. Las multinacionales absorben al pequeño empresario colombiano y el ciudadano de a pie cree que comprar un carro sin aranceles es suficiente argumento para comerciar libremente con EE.UU. Vendemos nuestra alma en dólares para sentirnos parte de algo importante…
El amor por nuestra patria debe ser un amor aterrizado. Ya es hora de admitir que estamos lejos de habitar en el mejor vividero del mundo para repensarnos como sociedad y formar nuevas generaciones más tolerantes y emprendedoras. Solo así lograremos superar el mito del pueblo feliz y empezaremos a vernos como realmente nos ven a los colombianos en el exterior.