El temor como fundamento en la coacción pedagógica


La fórmula del poder de Dios no es un misterio. El maestro de maestros apela  a la misma fórmula que utilizan los malos padres y docentes: El temor. La misma estrategia que utilizan sacerdotes, pastores y profetas. “O crees o serás condenado”.

El temor es   la emoción más dañina en un proceso de formación.  Quien tiene temor es obediente y disciplinado, pero no es más que un autómata resignado que cuando crezca será un autómata resentido.

Tristemente esta emoción es la que más rápidamente desarrollan todas las religiones en sus seguidores, porque este es el lazo que atará de por vida al creyente a su culto. No es raro escuchar a los  pastores cristianos  amenazar  abiertamente a sus fieles   que por los pecados más inocuos se condenarán al infierno. Algo muy parecido pasa con el catolicismo; tanto es así que el temor de Dios es uno de los dones del espíritu santo. Muchos de nuestros niños se saben de memoria estos dones porque se los inyectan en el catequismo o en la clase de religión  pero pocos pueden interpretarlo con inteligencia. ¿Debo temer a Dios, un ser de luz lleno de virtudes y de bondad omnipotente? ¿Acaso para eso del temor no estaba el demonio?

¿No me basta  con torturar sicológicamente a mis hijos con Satán  y su infierno  para ahora también ponerlos a temblar  ante la presencia de su propio padre?

Al temor hay que desterrarlo de nuestros hogares.  Una buena educación  ajena a los designios divinos debería formar seres felices, autónomos y críticos y el temor no permite  nada de eso. Tan simple como que un niño temeroso no es un niño feliz ni tendrá la autonomía ni la fortaleza de dudar. Porque el que duda es castigado. Primero por los padres, luego en la escuela y cuando muera en el cielo.

¿Que vida le espera a aquel que teme? Pues nada menos que una cotidianidad paranoica y ansiosa en donde la oposición y el libre pensamiento están prohibidos. Quien duda debe temer, quien confía ciegamente  será salvado.

En los púlpitos el asunto es simple porque el sacerdote  echa su sermón y se va a su sacristía; pero en el hogar las cosas son a otro precio, porque  el discurso de la iglesia contradice la cotidianidad del niño y las enseñanzas del hogar: En este mundo hostil no puedes cerrar los ojos y creer porque te  acaban. Este mundo requiere de ciudadanos despiertos, críticos y de audacia feroz; las ovejas ingenuas que dan limosna  y esperan por un milagro solo sirven al interior de la iglesia.

En un principio los niños son tan inteligentes que  comprenden estas contradicciones, por eso las preguntas sobre Dios, por eso sus especulaciones religiosas; pero este sentido crítico que parece que se desarrollara naturalmente pronto recibe un latigazo  que castiga la pregunta y bendice el temor.  Entonces el niño aprende a callar. Sus preguntas se van haciendo menos frecuentes y su amor a Dios cada vez más grande. Pronto el niño recibe el golpe fatal cuando se da cuenta que su entorno es católico y que si no asume su rol como tal, simplemente no existe como ser social.

En la escuela el niño refuerza su concepto del temor. Para él, está bien sentir temor porque es lo que lo impulsa a cumplir con sus obligaciones, a seguir hábitos de estudio y  a ser buen estudiante. Los docentes en muchos casos, y valga decir que era mucho peor antes que ahora; ayudan  a fomentar aún más el temor cuando amenazan abiertamente a sus estudiantes para que realicen una serie de tareas so pena de  hacer cumplir un reglamento pensado para que el estudiantado permanezca sumiso.  Poco a poco el niño se adapta y se suma a los millones de ovejas del mundo. Se suma a eso que los medios llaman masa.

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One Response to El temor como fundamento en la coacción pedagógica

  1. Polo a Tierra dice:

    Lamentablemente eso es verdad y muy doloroso. Tengo 41 años y a pesar de que después de un largo proceso he venido liberando de un poco de creencias que no tienen fundamento cosa que me ha dado un vuelco a mi vida de forma poderosamente positiva. No obstante leyendo un poco sobre ateísmo me encontré con un artículo donde un pastor hablaba al respecto “condenando a todos a quienes pensamos de esa forma” Eso fue como si me arrollara una locomotora a gran velocidad. Miedo básicamente que terminó afectando mi estado de ánimo.

    Pensando en eso noté que el miedo ha sido protagonista en mi durante prácticamente toda mi vida. Desde niño el miedo ha estado allí, haciéndome pasar por momento muy difíciles. Podría decirse que de niño eso era normal. Aunque es cierto no deja de ser terrible la presencia de fantasmas, de ángeles caídos, de demonios , del purgatorio y sobre todo de la presencia del infierno.

    Es mortalmente paranoico actuar pensando en el temor de dios con su mirada siempre fiscalizadora de lo que pienso, siento y hago y más aun cuando pude haber hecho algo honestamente pero que es probable que a dios no le parezca y entonces eso también sea pecado.

    A pesar de todo y a mi edad, el miedo tiene un efecto demoledor en mi, NO LO HABÍA NOTADO. Debo luchar por usar la terminología cristiana con mis “demonios” internos. Estoy en un combate conmigo para no volver a caer en todas esas ideas cristianas que no había notado me estaban coaccionando y no me dejaban salir adelante.

    Hoy no creo en dios, no quiero creer en dios. Yo era de aquellos quienes tenían un fuerte compromiso con la iglesia. Rezo del rosario, novenas, acucioso en la ayuda de los menesteres eclesiáticos, oración diaria, lectura de la biblia, misa constante.

    Hago planeación anual en ella coloco un área dedicada a la vida espiritual.

    Por propósito me di a la tarea de leer toda la biblia desde el Génesis hasta el apocalipsis. Conseguí una guía que me daba la oportunidad de en un año leerla completamente.

    La lectura de la biblia fue la “gota que rebozó la copa”. Venía en un proceso de escepticismo, desde hace mucho pero leer la biblia me conmocionó. Literalmente “vomité” un par de veces al ver la violencia, la agresividad de tal magnitud que no podía creer que el “dios de amor” fuera así.

    Decidí abandonar todo eso.

    No obstante el miedo sigue allí. Estoy en ese proceso. Y seguiré batallando para liberarme de los absurdos que coaccionan la realización personal. Es tan condicionante que tenía problemas hasta con ganar dinero por aquello de que “es más fácil de que pase un camello por el ojo de una aguja…” pues terminé considerando el dinero … como la raíz de todos los males. Así pues me vi condenado por esas ideas a pasar por una vida lastimera a nivel productivo y no lograr gracias a mis capacidades llevar una vida tranquila.

    Felicito a quienes trabajan en esta página y muchas gracias.

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