COMENTARIO A LA ENTRADA “EL TEMOR COMO FUNDAMENTO EN LA COACCIÓN PEDAGÓGICA”

26 de julio de 2012

Agradecemos enormemente los comentarios que los usuarios hacen de nuestras entradas. Reproducimos aquí una respuesta que nos dejó poloatierraenlaweb@gmail.com .

Lamentablemente eso es verdad y muy doloroso. Tengo 41 años y a pesar de que después de un largo proceso he venido liberando de un poco de creencias que no tienen fundamento cosa que me ha dado un vuelco a mi vida de forma poderosamente positiva. No obstante leyendo un poco sobre ateísmo me encontré con un artículo donde un pastor hablaba al respecto “condenando a todos a quienes pensamos de esa forma” Eso fue como si me arrollara una locomotora a gran velocidad. Miedo básicamente que terminó afectando mi estado de ánimo.

Pensando en eso noté que el miedo ha sido protagonista en mi durante prácticamente toda mi vida. Desde niño el miedo ha estado allí, haciéndome pasar por momento muy difíciles. Podría decirse que de niño eso era normal. Aunque es cierto no deja de ser terrible la presencia de fantasmas, de ángeles caídos, de demonios , del purgatorio y sobre todo de la presencia del infierno.

Es mortalmente paranoico actuar pensando en el temor de dios con su mirada siempre fiscalizadora de lo que pienso, siento y hago y más aun cuando pude haber hecho algo honestamente pero que es probable que a dios no le parezca y entonces eso también sea pecado.

A pesar de todo y a mi edad, el miedo tiene un efecto demoledor en mi, NO LO HABÍA NOTADO. Debo luchar por usar la terminología cristiana con mis “demonios” internos. Estoy en un combate conmigo para no volver a caer en todas esas ideas cristianas que no había notado me estaban coaccionando y no me dejaban salir adelante.

Hoy no creo en dios, no quiero creer en dios. Yo era de aquellos quienes tenían un fuerte compromiso con la iglesia. Rezo del rosario, novenas, acucioso en la ayuda de los menesteres eclesiáticos, oración diaria, lectura de la biblia, misa constante.

Hago planeación anual en ella coloco un área dedicada a la vida espiritual.

Por propósito me di a la tarea de leer toda la biblia desde el Génesis hasta el apocalipsis. Conseguí una guía que me daba la oportunidad de en un año leerla completamente.

La lectura de la biblia fue la “gota que rebozó la copa”. Venía en un proceso de escepticismo, desde hace mucho pero leer la biblia me conmocionó. Literalmente “vomité” un par de veces al ver la violencia, la agresividad de tal magnitud que no podía creer que el “dios de amor” fuera así.

Decidí abandonar todo eso.

No obstante el miedo sigue allí. Estoy en ese proceso. Y seguiré batallando para liberarme de los absurdos que coaccionan la realización personal. Es tan condicionante que tenía problemas hasta con ganar dinero por aquello de que “es más fácil de que pase un camello por el ojo de una aguja…” pues terminé considerando el dinero … como la raíz de todos los males. Así pues me vi condenado por esas ideas a pasar por una vida lastimera a nivel productivo y no lograr gracias a mis capacidades llevar una vida tranquila.

Felicito a quienes trabajan en esta página y muchas gracias.

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El temor como fundamento en la coacción pedagógica

25 de julio de 2012

La fórmula del poder de Dios no es un misterio. El maestro de maestros apela  a la misma fórmula que utilizan los malos padres y docentes: El temor. La misma estrategia que utilizan sacerdotes, pastores y profetas. “O crees o serás condenado”.

El temor es   la emoción más dañina en un proceso de formación.  Quien tiene temor es obediente y disciplinado, pero no es más que un autómata resignado que cuando crezca será un autómata resentido.

Tristemente esta emoción es la que más rápidamente desarrollan todas las religiones en sus seguidores, porque este es el lazo que atará de por vida al creyente a su culto. No es raro escuchar a los  pastores cristianos  amenazar  abiertamente a sus fieles   que por los pecados más inocuos se condenarán al infierno. Algo muy parecido pasa con el catolicismo; tanto es así que el temor de Dios es uno de los dones del espíritu santo. Muchos de nuestros niños se saben de memoria estos dones porque se los inyectan en el catequismo o en la clase de religión  pero pocos pueden interpretarlo con inteligencia. ¿Debo temer a Dios, un ser de luz lleno de virtudes y de bondad omnipotente? ¿Acaso para eso del temor no estaba el demonio?

¿No me basta  con torturar sicológicamente a mis hijos con Satán  y su infierno  para ahora también ponerlos a temblar  ante la presencia de su propio padre?

Al temor hay que desterrarlo de nuestros hogares.  Una buena educación  ajena a los designios divinos debería formar seres felices, autónomos y críticos y el temor no permite  nada de eso. Tan simple como que un niño temeroso no es un niño feliz ni tendrá la autonomía ni la fortaleza de dudar. Porque el que duda es castigado. Primero por los padres, luego en la escuela y cuando muera en el cielo.

¿Que vida le espera a aquel que teme? Pues nada menos que una cotidianidad paranoica y ansiosa en donde la oposición y el libre pensamiento están prohibidos. Quien duda debe temer, quien confía ciegamente  será salvado.

En los púlpitos el asunto es simple porque el sacerdote  echa su sermón y se va a su sacristía; pero en el hogar las cosas son a otro precio, porque  el discurso de la iglesia contradice la cotidianidad del niño y las enseñanzas del hogar: En este mundo hostil no puedes cerrar los ojos y creer porque te  acaban. Este mundo requiere de ciudadanos despiertos, críticos y de audacia feroz; las ovejas ingenuas que dan limosna  y esperan por un milagro solo sirven al interior de la iglesia.

En un principio los niños son tan inteligentes que  comprenden estas contradicciones, por eso las preguntas sobre Dios, por eso sus especulaciones religiosas; pero este sentido crítico que parece que se desarrollara naturalmente pronto recibe un latigazo  que castiga la pregunta y bendice el temor.  Entonces el niño aprende a callar. Sus preguntas se van haciendo menos frecuentes y su amor a Dios cada vez más grande. Pronto el niño recibe el golpe fatal cuando se da cuenta que su entorno es católico y que si no asume su rol como tal, simplemente no existe como ser social.

En la escuela el niño refuerza su concepto del temor. Para él, está bien sentir temor porque es lo que lo impulsa a cumplir con sus obligaciones, a seguir hábitos de estudio y  a ser buen estudiante. Los docentes en muchos casos, y valga decir que era mucho peor antes que ahora; ayudan  a fomentar aún más el temor cuando amenazan abiertamente a sus estudiantes para que realicen una serie de tareas so pena de  hacer cumplir un reglamento pensado para que el estudiantado permanezca sumiso.  Poco a poco el niño se adapta y se suma a los millones de ovejas del mundo. Se suma a eso que los medios llaman masa.


¿POR QUÉ LE PASAN COSAS BUENAS A LA GENTE MALA?

22 de julio de 2012

A propósito del bestseller “¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena” del colombiano Iván Gutiérrez Rodríguez, publicamos esta entrada que responde el interrogante inverso. ¿Por qué le pasan cosas buenas a la gente mala?

En primera instancia habría que empezar por identificar qué es eso que llamamos gente buena y gente mala: La iglesia, la escuela y los medios de comunicación  retratan  con cierta similitud lo que la sociedad debe entender como bueno y como malo.

Aquel cuyo comportamiento obedece a los mandamientos de Dios  y a su vez se adapta a los estereotipos de bondad en la sociedad sin duda es una muy buena persona. Y en complemento aquel que se revela contra  sus valores enfrentándose a lo establecido y a lo que llaman natural  suele ser denominada con ligereza una mala persona. En estos términos tenemos que para una sociedad como la colombiana:  patriarcal, conservadora y rezandera,    una mala persona podría ser, por ejemplo, quien ama su cuerpo sobre todas las cosas o  quien, contra toda norma natural, se enamora de una persona de su mismo sexo o en fin, quien   se enfrenta al estatus quo… Y a estas personas, según lo que hemos aprendido, tarde o temprano les llega su rendición de cuentas en esta vida o en la otra. Y que se atengan, porque la ira del Señor los castigará con todo el peso de la justicia divina.

Sin embargo vemos que en la práctica  los buenos pueden morir jóvenes  y los corruptos se pensionan. ¿Y a qué se debe esto? Obviando la respuesta irresponsable de que quien muere joven  tiene proyectos divinos cuyos misterios son insondables para los mortales y que los que mueren de viejos solo están aplazando el castigo eterno, nos atrevemos a formular otro tipo de respuesta más simple y aterrizada.

La vida, la muerte y el castigo son conceptos  humanos que las religiones han idealizado pero que, en realidad,  no son más que procesos naturales inherentes a cualquier ser vivo.

No llegamos al mundo  por un designio divino  sino muy al contrario, por la más básica manifestación instintiva. No nos pasan cosas malas por cuestiones de karmas insubsanables o por las moiras que nos rijan, sino porque como seres vivos estamos predispuestos a la muerte y al dolor.  Si fueran designios divinos  aquellos males que nos aquejan bien podríamos decir que además de ser un pésimo pedagogo, Dios es infinitamente cruel y caprichoso: Solo así podríamos explicar que un asesino nazi  haya escapado de su castigo por más de 60 años  o que una niña caiga de un piso 18, sobreviva al golpe  en lo que los medios se atrevieron a llamar milagro y a los pocos días muera en lo que jamás juzgarán como crueldad divina.

Los milagros  no son más que probabilidades estadísticas que eventualmente se  pueden presentar bajo ciertas circunstancias. Si te salvas de un accidente de avión es porque es probable que eso pase. Si el médico te dio por muerto y dos minutos después vuelves a la vida es porque hay una mínima probabilidad  en la medicina de que eso ocurra.  Lo mismo pasa  a la inversa: Puedes perder la vida en una visita al odontólogo o  morirte al comer una uva así millones de personas coman uvas al día y vayan al odontólogo con frecuencia sin que les pase nada. La diferencia entre unos casos y otros es que los primeros son pomposos milagros de Dios, cuyas manifestaciones misteriosas son insondables  mientras que los segundos son crueles y  desafortunados errores humanos.

El bien y el mal son inmanentes al ser humano y resulta sumamente reduccionista dividir al mundo  entre buenos y malos, más en un país como Colombia en donde los buenos no son tan buenos y los malos  tampoco lo son tanto.

Hijas de Lot.

 

 


¡FELIZ DÍA DE LA DEPENDENCIA!

20 de julio de 2012

El nacionalismo exacerbado, al igual que el fanatismo religioso, no son producto de la reflexión autónoma sino de la sumisión colectiva.
Hoy se conmemoran 202 años de la independencia de Colombia y parece que seguimos confundidos en lo que algún historiador atinó a llamar “La patria boba”
El amor ideal que profesamos por nuestra patria es, tristemente, un amor impuesto por los medios de comunicación y por profesores insensatos. Creemos que vivimos en el mejor país del mundo y esa es una concepción peligrosa porque desenmascara conformismo y subjetividad; en la medida en que sigamos celebrando la colombianidad con el fervor del hincha apasionado, difícilmente nos percataremos de que nuestros delanteros nos meten muchos autogoles.
Campañas multimillonarias como Colombia es pasión, la nueva Marca País, constatan los esfuerzos monumentales de gobiernos que necesitan la identificación del ciudadano con su causa. Como en los tiempos de la Alemania Nazi, en los radios suenan al unísomo las notas de nuestro himno nacional, dizque el tercero más bello del mundo.
Alentamos a nuestra selección de fútbol con el corazón y creemos ingenuamente que pueden llegar a ser los mejores deportistas; asumimos que los pequeños logros personales de algunos ciudadanos ilustres representan el empuje de toda una nación y los apropiamos. Idolatramos a César Rincón y a Jhon Leguízamo, así ni siquiera hablen un buen castizo. Escarbamos en la cultura de la estadística para reconocer nuestro nombre en algún listado internacional y vanagloriarnos con la flora y fauna colombiana que ni conocemos ni cuidamos.
Tanto nacionalismo polariza a la sociedad: No es extraño ver en los foros sociales comentarios despectivos contra aquel que se atreve a pensar distinto que el colombiano común. Se les acusa entonces de guerrilleros por asumir una posición opuesta al gobierno, se les tacha de maricas o de indios por defender a las minorías pisoteadas; se les condena en los medios masivos por atreverse a exigir sus derechos vulnerados, y todo esto con tanta ligereza y agresividad que pone a algunos a reflexionar sobre qué tan buenos ciudadanos son esos colombianos de reinados, fútbol y reaggeton.
Irónicamente, pese a todos los esfuerzos irresponsables por crear arraigo y patriotismo, en la práctica vemos con impotencia la dependencia internacional de la que somos víctimas. Las grandes marcas de ropa colombiana prefieren pagar mano de obra barata en Asia antes que generar empleo de calidad en Colombia; nuestro gobierno apoya las más terribles causas internacionales con tal de recibir beneplácitos de las potencias mundiales. Las multinacionales absorben al pequeño empresario colombiano y el ciudadano de a pie cree que comprar un carro sin aranceles es suficiente argumento para comerciar libremente con EE.UU. Vendemos nuestra alma en dólares para sentirnos parte de algo importante…
El amor por nuestra patria debe ser un amor aterrizado. Ya es hora de admitir que estamos lejos de habitar en el mejor vividero del mundo para repensarnos como sociedad y formar nuevas generaciones más tolerantes y emprendedoras. Solo así lograremos superar el mito del pueblo feliz y empezaremos a vernos como realmente nos ven a los colombianos en el exterior.


Los indígenas también lloran

18 de julio de 2012

El sensacionalismo de los medios de comunicación hoy ha decidido hacer de los indígenas unos terroristas y de los soldados los héroes de la patria que jamás serán. La coyuntura que hoy vive el país con relación a la sublevación de los indígenas contra la fuerza pública, nos hace reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación y lanzar algunas preguntas al aire: ¿Es Uribe tan bueno e Ingrid Betancourt tan perversa? ¿Son los indígenas del cauca unos guerrilleros?
En una sociedad que es capaz de sufrir hasta las lágrimas la despedida de una modelo en la casa estudio y que es indiferente al dolor de las víctimas reales del conflicto, los noticieros tienen una responsabilidad social grandísima que se pasan por la faja. Hoy amanecimos consternados por el caso del soldado llorón y olvidamos mágicamente los ríos de sangre que nuestros indígenas han derramado desde hace siglos…
Recordemos que la mal llamada civilización católica fue una tradición impuesta con sangre que generó, según las estadísticas más optimistas, la muerte de 80.000.000 de indígenas en América. Recordemos también que los sobrevivientes de semejante genocidio fueron obligados a convertirse y negar su lengua y sus tradiciones ancestrales. Muchos de estos indios terroristas fueron esclavizados hasta hace relativamente poco e incluso hay evidencias de que hasta el siglo XIX algunos terratenientes tenían por hobbie cazar indios en las llanuras.
En nombre del progreso desterramos a cientos de comunidades indígenas violando todas sus premisas morales de amor a la tierra y a su entorno. Nos burlamos de sus ritos sagrados y los obligamos a bautizarse. Hemos convertido en un campo de batalla sus lugares sagrados. Les negamos sus derechos fundamentales y para alegría de muchos ingenuos, estamos a punto de exterminarlos.
El Cauca ha sido una región olvidada por el Estado y su fuerza pública; poblaciones como Toribío han sufrido cientos de ataques de la guerrilla (Muchos más de los que salen en televisión y de los que admitiría el gobierno) que han producido cientos de muertos cuyas imágenes aunque no salen en la tele, son mil veces más abominables y desesperanzadoras que la de un soldado llorón.
Antes que defender la institucionalidad de la fuerza pública, nuestro compromiso como ciudadanos es defender a nuestros aborígenes; últimos rezagos de nuestra historia indígena y comprender la magnitud de la crisis que viven, que no es nueva, sino que lleva presentándose sistemáticamente, incluso antes que Santafé obtuviera su sexta estrella.
Tristemente, pareciera que nuestros dirigentes asumen que los indígenas son ciudadanos de segunda clase cuyos derechos vulnerados son inmanentes a su condición india. Los desmanes que hoy aterran a los ciudadanos de bien no son más que lamentables consecuencias del abandono del Estado.
Exhortamos desde este humilde espacio al señor procurador de la Nación para que su ministerio haga presencia urgente y defienda los derechos de estos indígenas que aunque no son seguidores de Cristo también lloran. Señor Ordóñez, ¿Cómo se sentiría usted si a su iglesia llegaran con bombas y metralleta a imponer ideologías que le son ajenas a su credo?

Hijas de Lot


Carta a Candela estéreo

16 de julio de 2012

Bogotá, 16 de julio de 2012

 

SEÑORES

Candela estéreo

 

Nos permitimos escribir esta misiva con el ánimo de protestar no tan airadamente como deberíamos, frente a lo que desde nuestra opinión es una afrenta a  nuestra libertad de culto y de conciencia.

En primera instancia, sepan ustedes que  deploramos  la mayoría de sus programas radiales  por considerarlos  burdos mecanismos de    sujeción social, cuyos contenidos sosos reproducen paradigmas negativos para la juventud como el machismo,  el conformismo y la intolerancia; sin embargo comprendemos que en el afán del sustento comercial,  estas estrategias, aunque reprochables  resultan válidas en una sociedad acostumbrada   al populismo.

Habiendo expuesto esta primera diatriba, sepan también que  consideramos lamentable (más  lamentable  que lo anterior)   el espacio en el que en su programa de la mañana  se escucha la voz de un niño elevando una oración a Dios. Esto por diferentes motivos de los que nos permitimos numerar a continuación los más importantes

1. Un programa de entretenimiento no tiene por fin la evangelización soterrada. Si bien, la mayoría de colombianos se dicen católicos no es moralmente correcto ni legal  homogeneizar a toda su audiencia como creyentes  de los preceptos que el niño declama.

2. Consideramos que la oración de un niño corresponde a su espacio privado y aunque entendemos la intención parcializada de ustedes, no logramos aceptar que se viole la intimidad de un menor, por tierno o educativo  que les parezca.

3. Los niños y los ciudadanos en general, tienen el derecho a ser formados en un ambiente laico que les permita   en su madurez tomar las decisiones de credo y  de moral que consideren según su experiencia y educación. No creemos que este niño sea católico  por un proceso de reflexión autónoma  sino que suponemos, su cosmovisión se rige por la imposición del credo de su entorno y de sus padres.

4. Tristemente la fe católica se impuso en Latinoamérica a partir de un proceso bélico que produjo más de 80.000.000 de muertos y consecuencias nefastas en la cultura aborigen. Creemos que si consideran pertinente la declamación de plegarias  en un medio masivo, también deberían  abrir espacios en los que se divulguen los innumerables delitos que se han cometido y aún hoy se cometen en nombre de Dios.

5. Sabemos que  las libertades que ostentan los medios de comunicación en ocasiones les permiten cometer semejantes afrentas a la sociedad y que una respuesta posible y simple para aquellos escépticos como nosotros sería simplemente cambiar el dial de la radio. Lo hacemos, sin duda; pero creemos asimismo  que la responsabilidad social de un medio masivo de comunicación  debe  propender por garantizar los derechos de los ciudadanos  que a diferencia de nosotros no han adquirido el buen hábito de dudar.  En otras palabras; no es del resorte de un programa de entretenimiento  generar reflexiones teológicas, y si lo fuera, estas reflexiones no podrán ser objetivas  mientras se emanen de emisoras populistas que regalan dinero  en efectivo   y estereotipan  al ciudadano  de estratos bajos.

Agradeceríamos una respuesta, pública o privada a esta respetuosa carta.

 

Cordialmente,

Hijas de Lot

@Hijasdelot

hijasdelot@wordpress.com