Amar sin ser amado. El problema de quinceañeras y creyentes


En promedio, cada día mueren en el mundo 30.000 personas por falta de alimento. De este número el 75% son niños menores de diez años cuyas familias viven en la extrema pobreza. En Colombia, cada año son violadas más de 240.000 mujeres, la mayoría de ellas menores de edad. Así mismo nuestro país tiene una de las tasas más altas de muertes violentas en el mundo: 48 personas por día…
¿Cuántas víctimas de las mencionadas anteriormente murieron elevando plegarias al cielo en espera de un milagro que nunca llegó?
¿Cuánto llanto estamos dispuestos a soportar mientras nos tapamos los ojos y le pedimos a Dios un mundo mejor?
Habría que ser muy ingenuo o muy ególatra para creer que pese a que Dios no mueve ni uno de sus sagrados dedos a favor de las miles de mujeres que en este momento están siendo violadas en el mundo, sí va a usar su poder para que nuestro equipo de fútbol se corone campeón o para que nos vaya bien en un examen. Esas supuestas manifestaciones divinas no son más que probabilidades estadísticas, producto de nuestro propio esfuerzo o una combinación de los dos.
La verdad es que Dios no intercede para evitar un accidente casero ni para salvar a los tripulantes de un avión que cae en el Atlántico. Dios es como un narrador omnisciente, todo lo sabe y todo lo ve pero jamás intercede en el cuento. Y esto puede deberse únicamente a tres razones: La primera, a que es un inepto al que le quedó grande su trabajo; la segunda, a que es un soberano hijueputa que disfruta con las penas sean pequeñas o gigantescas de sus hijos; y la tercera, la más lógica, es que no intercede en nuestro destino simplemente porque no existe.
Suponiendo que sí existe ¿Cómo podemos explicar su extraña forma de actuar? ¿debemos limitarnos a contemplar un mundo en decadencia y a concluir que simplemente no podemos comprender la grandeza de Dios?
La iglesia posee todas las respuestas al respecto. Algunas bastante ridículas y otras un poco mejor estructuradas; unas impuestas en procesos sangrientos de evangelización, otras transmitidas usando parábolas moralizantes… Lo cierto es que para los escépticos, sigue siendo un misterio el modus operandi de Dios, que crea el pecado y crea su redención. Que nos dota de inteligencia pero nos prohíbe usarla en su contra; que nos ama inconmensurablemente pero nos castiga con crueldad. ¡Oh Dios voyerista que te complaces con el sufrimiento de tus hijos bastardos; indiferente al amor que te profesamos los mortales!

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One Response to Amar sin ser amado. El problema de quinceañeras y creyentes

  1. Gina dice:

    Muy buena reflexión, es lo que más me molesta de los creyentes, su evidente egoísmo, creen que el mismisimo creador del universo ni más ni menos, se preocupa por sus pequeñísimos e insignificantes problemas y deja desamparados a millones más, aún así tienen el descaro de llamarle dios de amor y misericordioso.

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