Amar sin ser amado. El problema de quinceañeras y creyentes

30 de junio de 2012

En promedio, cada día mueren en el mundo 30.000 personas por falta de alimento. De este número el 75% son niños menores de diez años cuyas familias viven en la extrema pobreza. En Colombia, cada año son violadas más de 240.000 mujeres, la mayoría de ellas menores de edad. Así mismo nuestro país tiene una de las tasas más altas de muertes violentas en el mundo: 48 personas por día…
¿Cuántas víctimas de las mencionadas anteriormente murieron elevando plegarias al cielo en espera de un milagro que nunca llegó?
¿Cuánto llanto estamos dispuestos a soportar mientras nos tapamos los ojos y le pedimos a Dios un mundo mejor?
Habría que ser muy ingenuo o muy ególatra para creer que pese a que Dios no mueve ni uno de sus sagrados dedos a favor de las miles de mujeres que en este momento están siendo violadas en el mundo, sí va a usar su poder para que nuestro equipo de fútbol se corone campeón o para que nos vaya bien en un examen. Esas supuestas manifestaciones divinas no son más que probabilidades estadísticas, producto de nuestro propio esfuerzo o una combinación de los dos.
La verdad es que Dios no intercede para evitar un accidente casero ni para salvar a los tripulantes de un avión que cae en el Atlántico. Dios es como un narrador omnisciente, todo lo sabe y todo lo ve pero jamás intercede en el cuento. Y esto puede deberse únicamente a tres razones: La primera, a que es un inepto al que le quedó grande su trabajo; la segunda, a que es un soberano hijueputa que disfruta con las penas sean pequeñas o gigantescas de sus hijos; y la tercera, la más lógica, es que no intercede en nuestro destino simplemente porque no existe.
Suponiendo que sí existe ¿Cómo podemos explicar su extraña forma de actuar? ¿debemos limitarnos a contemplar un mundo en decadencia y a concluir que simplemente no podemos comprender la grandeza de Dios?
La iglesia posee todas las respuestas al respecto. Algunas bastante ridículas y otras un poco mejor estructuradas; unas impuestas en procesos sangrientos de evangelización, otras transmitidas usando parábolas moralizantes… Lo cierto es que para los escépticos, sigue siendo un misterio el modus operandi de Dios, que crea el pecado y crea su redención. Que nos dota de inteligencia pero nos prohíbe usarla en su contra; que nos ama inconmensurablemente pero nos castiga con crueldad. ¡Oh Dios voyerista que te complaces con el sufrimiento de tus hijos bastardos; indiferente al amor que te profesamos los mortales!

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NOÉ

20 de junio de 2012

En principio, el diluvio universal debería mantenerse por siete años, pero Noé, que después de cuarenta días no soportaba el olor a mierda de los animales puros y la casi permanente ausencia de Dios, decidió revelarse diciendo:
-Dios, si todo lo sabes, sabrás que he pecado. Verás que fueron muchas las especies que a mi edad no pude atrapar. Jamás verifiqué el sexo de las aves ni evité la caza de los terneros. La comida escasea, las fieras anhelan la carne de los más desprotegidos y en varias ocasiones la han conseguido generando caos en las celdas. Ante la imposibilidad de escapar, muchos animales han fallecido porque su corazón no tolera la presencia predadora. Otros tantos han muerto por inanición porque se negaron a alimentarse con el fruto de nuestras cosechas. Y me pregunto si esta es tu justicia divina, Señor. Si además de castigar a los pecadores con las más tormentosas muertes, también has de castigarme a mí y a estos seres inocentes, fruto de tu magnífica creación. Los sonidos de los animales no me permiten conciliar el sueño. No puedo soportar un día más las rutinas en esta arca: Los excrementos, la sangre que salpica, la agonía de los más débiles… La fuerza de la naturaleza nos ha vencido, Señor. Observo que no puedes detenerla ni controlarla. Los animales son los mismos aquí o en la tierra y temo que en mí también habite el mal: Te mentí y no lo supiste. No merezco ser tu hijo ni tú tampoco mereces ser mi Dios. Pero si detienes la lluvia mostrarás misericordia con tu servidor. Mi descendencia se multiplicará en la tierra y dará testimonio de tu grandeza. Las nuevas generaciones crecerán libres del pecado y darán fe de tu palabra. Olvidaremos pronto tus bárbaros designios y serás un Dios de paz. Compadécete de mí y de mi familia y haremos un pacto de amor. O castíganos por mis palabras y concédenos la muerte para frenar nuestros sufrimientos.
Dicho esto, la lluvia empezó a ceder. El gris del cielo se fue desperdigando y por primera vez, luego de seiscientos años de una vida miserable, Noé sonrió.


DECÁLOGO DE UN BUEN ATEO

14 de junio de 2012

 

1. Ateísmo no es una religión. Es una forma de pensar en la que no hay dioses , paraísos, milagros ni temores. Cada ateo es independiente y autónomo y aunque nos congreguemos eventualmente  nuestros postulados distan considerablemente de los postulados de cualquier religión o iglesia.

2. El ateo es tal  por convicción. No necesita recurrir a la historia, a la biología o a la antropología para sustentar su falta de fe. Y si lo tuviera que hacer,  bastaría con  leer  la biblia para encontrar una fuente inagotable de  contradicciones, abusos, misoginia y genocidios que brindan argumentos suficientes  para negar a  Dios. Sin embargo, un buen ateo se conforma  con su sentido común: La idea de un dios omnipotente y bueno es ilógica e imposible.

3. El ateo no cree en Dios entendido este como fuente de toda bondad y amor; por ende, tampoco cree en  el demonio, némesis del creador. Los ateos no hacemos  brujería  ni sacrificamos gatos para congratularnos con Satán. La idea de la existencia del demonio  es tan ingenua y risible como la existencia de dios.

4. Fe cristiana no es sinónimo de moral. El creyente puede matar con sevicia  y el ateo puede ser más bondadoso que cualquier seguidor de Cristo. Nada tiene que ver tu fe con tu moral.

5. El ateo ama las dudas. El ateo odia las certezas.

6. El ateo  es un lector asiduo de la biblia y de otros mal llamados textos sagrados. Sin embargo el ateo asume una postura crítica frente a ella  y reconoce  la inverosimilitud de sus fábulas cuya  realización es improbable en la historia, como  el episodio de la torre de Babel, el arca de Noé o la destrucción de Sodoma.

7.  El ateo como ciudadano de bien, se rige por ciertas leyes civiles  que garantizan sus derechos y le exigen el cumplimiento de ciertos deberes. Estas normas básicas de convivencia pueden en muchos casos solaparse con los postulados morales de las diferentes religiones sin que esto implique la pertenencia o la sintonía con los mismos. Es decir,  no robo porque  Dios me castigue, sino porque pienso en el bienestar colectivo y prefiero  evitar un prejuicio a mi conciudadano y un castigo civil a mi conducta.

8. El ateo no cree en cielos ni en infiernos. El ateo considera que el bien y el mal no están en  lugares metafísicos sino en el corazón de cada cual. Y es decisión de cada persona optar por uno o por otro. Generalmente los ateos optamos por hacer el bien.

9. El ateo no es un rebelde adolescente que actúa por oposición a lo que llaman sistema. El ateo es una persona cuerda, documentada y conocedora del mundo que se detiene a reflexionar sobre su entorno.

10. El ateo puede ser, y  generalmente lo es, un ser  pleno y feliz. Alejarse de dios no significa   llevar una vida fría y un corazón apagado. De hecho las estadísticas indican que los países más alejados del dogma tienen mejor calidad de vida, son más abiertos al cambio y poseen ciudadanos mucho más tolerantes y amorosos que en latitudes regidas por el catolicismo o el islamismo, por ejemplo.

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